El ‘prestige’ de la Guerra Civil

  • Salvamento Marítimo extraerá el fuel de un petrolero torpedeado en 1937
  • Fue atacado por un submarino italiano cuando navegaba por las Columbretes
  • Hace tres años pescadores de la zona detectaron fugas de petróleo en el mar
  • La compleja operación podría prolongarse entre cuatro y ocho semanas

Rodrigo Terrasa | Valencia

6.30 de la mañana del 2 de septiembre de 1937. Telegrama. “El Woodford ha sido torpedeado entre las islas Columbretes y la costa de España. El segundo maquinista ha resultado muerto y seis hombres de la tripulación sufren heridas. Las víctimas han sido desembarcadas en Benicarló”.

Tres horas después el barco se hundía en aguas de Castellón……

Con casi 130 metros de eslora y 17 de manga, el Woodford era un petrolero construido en 1914 en el astillero Sir James Laing & Sons Ltd. de Sunderland, en Reino Unido, con el nombre de ‘San Joaquín’. Pertenecía entonces a una compañía noruega.

Cuando llegó a la costa española en plena Guerra Civil viajaba desde Constanza (Rumanía) rumbo a Valencia cargado con diez mil toneladas de fuel. A las 6.30 fue atacado por el submarino Diaspro, cuentan que enviado por Mussolini. “Un submarino desconocido, pintado de gris y sin ningún distintivo”, relataba la prensa inglesa de la época.

Dos torpedos impactaron a la altura de los tanques 5 y 6 del petrolero por su costado de estribor. Antes de que sus 6.937 toneladas desapareciesen bajo el mar, sus 32 tripulantes fueron rescatados por pesqueros de Benicarló. Todos eran griegos menos el cocinero, que era rumano, y un maquinista húngaro.

Detallan las crónicas de la época que el marino Trimatus Kachisilis sufría una “conmoción visceral”, Ristos Pallivide, una “herida en la mano”, y el cocinero, Totius Stefanus, “una herida en la región precordial”. El único fallecido se llamaba Militin Sofreres.

El barco se hundió a 80 metros de profundidad, posado sobre el costado de estribor, a 40 millas náuticas al nordeste de Castellón y a 15 del Parque Natural de las Islas Columbretes.

Y ahí seguía… Sin molestar a nadie hasta hace tres años. En 2009 los pescadores de la zona dieron la voz de alarma al detectar olor a petróleo. Se detectaron entonces los primeros vertidos de hidrocarburo en la costa castellonense. Ahora se ha comprobado que los escapes provienen del Woodford.

Ilustración que recrea el ataque al Woodford.Ilustración que recrea el ataque al Woodford.

Diez buzos altamente cualificados y adiestrados forman parte de la tripulación del buque ‘Clara Campoamor’, que esta semana ha iniciado una compleja operación para extraer el fuel del petrolero. 42 personas forman parte del equipo.

Asegura Salvamento Marítimo que es la primera vez que acomete una operación tan compleja contando con medidas técnicas tan avanzadas, una labor que podría durar entre cuatro y ocho semanas, dependiendo de la cantidad de fuel que se encuentre en las cabinas del petrolero. Se estima que podría superar los mil metros cúbicos.

Mediante un vehículo de inspección submarina por control remoto, se constató que había fugas continuas pero también que el producto era un fuel ligero fácilmente bombeable. Ahora una cámara seca permitirá a los buceadores trabajar hasta 28 días en turnos de ocho horas.

El desafío de los buzos

Buque de Salvamento Marítimo.Buque de Salvamento Marítimo.

La técnica de buceo que se llevará a cabo durante el periodo previsto para la extracción del petróleo es la que se denomina “a saturación”, y consiste, según el Dr. Manuel Salvador, jefe de la Unidad de Terapéutica Hiperbárica (UTH) del Hospital General de Castellón, en que los buzos no se descompriman durante las semanas que dura la operación de trabajo.

“Los técnicos viven en el interior de un habitáculo presurizado que se encuentra en el barco, y desde allí son trasladados -siempre en presión- en el interior de una ‘campana seca’ a realizar su trabajo por turnos, para después volver al interior de un habitáculo cilíndrico”, explica.

En este “dormitorio”, de dos metros de diámetro por cinco metros de largo, se encontrarán sometidos a una presión ocho veces superior a la presión atmosférica, y respirarán una mezcla de helio y oxígeno.

“Los buzos, entre los procesos que tendrán que llevar a cabo durante este tiempo, comprobarán repetidamente el medio centenar de válvulas e indicadores de los que depende su vida, como si se tratara de astronautas”, explica el doctor Salvador, que reconoce que “convivir durante varias semanas en un espacio tan reducido, en una atmosfera de helio, que roba el calor del cuerpo humano, con una humedad ambiental del 100%, sin poder apenas moverse, con condiciones de higiene muy limitadas, plantea problemas médicos y psicológicos especiales“.

En el fondo del mar les espera el Woodford. 75 años después, las crónicas vuelven a hablar del petrolero.

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