La otra Copa Davis, España/Austria

Pero ¿dónde están los niños?, apuntaba una señora al término de la tercera jornada, cuando con la escuadra nacional victoriosa dando la vuelta al ruedo, y en su repaso mental, cayó en la cuenta de sus ausencias. Lo ven por la tele, confirmó su elegante acompañante, que además sentenció, con estos precios los padres los dejan en casa.

La pista medio vacía o llena, según se escuchen las diversas fuentes informativas, cinco mil doscientos sesenta espectadores eran los números que se barajaban en la sala de prensa, señalan que algo no funcionó como estaba previsto.

Tal vez la baja de Rafa Nadal que siempre tira mucho, la crisis, las vacaciones, las previsiones de los organizadores, o vaya Vd. a saber, hicieron que las gradas lucieran el triste azul de sus asientos. No había que ser muy listo, ni recurrir a los estadísticos de la R.F.E.T., para saber lo que se avecinaba.

Lástima la ilusión puesta en el evento por parte de sus próceres que arrastraron esfuerzo y trabajo a la carrera.

Y sin embargo, típico por estas comunidades, el palco de presidencia mostró una lleno hasta la bandera. Normal, compraron la entrada al mismo tiempo.

A nivel de animación, ambas hinchadas estuvieran parejas, hubo jolgorio, buen ambiente y deportividad, que es lo que se lleva cuando se sabe a priori quién será el vencedor. Ya veremos si ganamos a los Estados Unidos, y Argentina hace lo propio con la República Checa, como nos reciben nuestros amados hermanos suramericanos. Ganas nos tienen, porque en su vitrina no luce ninguna ensaladera.

Los niños, sí la cantera que se ilusiona pensando en ser los futuros Ferrer, Almagro, Granollers y López, no daban señales de vida.

Les representaron los recogepelotas, buenas promesas de las diferentes entidades provinciales, pero eran pocos, unos veinte. En el lateral oeste iniciaban la ola los animosos de la Municipal de Benicàssim, pero aunque lo conseguirían en contadas ocasiones, les pesaba el frío y la altura.

Se valora su juventud y preparación festiva, con un diez para sus monitores.

Continuó hablando la noble dama, “yo habría regalado las entradas a los jóvenes tenistas de Tarragona, Castellón y Valencia, que están cerca, para que vieran a sus ídolos, se llenara el estadio, y ese de la tele, por Carbonell, contara como se hacen de bien las cosas en nuestra tierra”.

Sí señora, y yo además lo hubiese hecho el primer día con premeditación, alevosía y nocturnidad.

elperiodic

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